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S O N Á M B U L A, Inconscientes para una Geografía Onírica
Porque tengo tu imagen grabada bajo el párpado hago del tiempo un sueño Ludwig Zeller
Irradiada por la actualidad y el brío del Surrealismo, Sonámbula nace a mediados de 2005 como un espacio de difusión, documentación e intercambio para la creación de aquellos latinoamericanos que, de cerca o de lejos, mantienen una actividad surrealista. Considerando las publicaciones, las revistas, los conceptos, las trayectorias, las formaciones, las rupturas, las convergencias, las divergencias, las manifestaciones y los desplazamientos de los distintos grupos e individuos, Sonámbula integra la obra y el pensamiento de sus colaboradores en un prisma cuyo foco de atención es la búsqueda de un lenguaje que es también deseo. De esta forma, el imaginario personal y colectivo de los participantes del proyecto Sonámbula es comprendido y difundido tanto por sus implicaciones creativas como por su innegable poesía. Utilizando inicialmente Internet como plataforma de divulgación independiente, Sonámbula ha deseado contribuir a la reflexión y a la toma de (in)conciencia sobre la polímorfa actividad surrealista ligada a Latinoamérica. Una extensa actividad que por décadas se sucede, se vincula y se complementa en un incesante flujo constelado de utopías. Pluralidad que parte del sueño, del deseo y del inconsciente, porque son ellos la estela que imanta la geografía compartida de Sonámbula . Un mapa, en el cual el imaginario y la dinámica propia de cada uno de sus colaboradores, reverberan de norte a sur, y de oriente a occidente: En México, Susana Wald y Ludwig Zeller, fundadores de la editorial y galería La Casa de la Luna (Chile, 1968) y Oasis Publications (Toronto, 1975) llegan a México, a mediados de 1990, estableciendo Oasis Oaxaca en sintonía con su inclusión a la revista Vaso Comunicante . Por su parte, el franco-mexicano, Guy Roussille, otrora colaborador de Phases , emprende un largo viaje desde el desierto argelino de Tassili hasta el Amazonas permeando su obra durante años con el paso de su brújula. Al oeste, los cubanos Fernando Palenzuela y Vicente Jiménez dejan sucesivamente la isla para instalarse en Miami, Estados Unidos; lugar donde José Antonio Arcocha y Fernando Palenzuela lanzaran la revista de literatura El Alacrán Azul (1971). Asimismo, Gabriela Trujillo, traductora de Pizarnik, Huidobro y Cáceres viaja a Francia para unirse en 2001 a las actividades del Grupo de Paris del Movimiento Surrealista ; tal cual lo hiciera la costarricense Amirah Gazel, pero a Holanda y Bélgica, colaborando a su paso con CAPA y La Tortue-Liévre . En el Caribe, el dominicano Pastor de Moya, inicia en 1985 la casa editorial Ediciones a Mano y muy cerca de ahí, en las Antillas Holandesas, Rik Lina -editor de la revista Droomschaar -, ante la necesidad de agrupar esfuerzos forma en 1990, junto a Fredy Flores Knistoff, el Colectivo de Pintores Automáticos de Amsterdam (CAPA) recibiendo importantes colaboraciones como las del chileno Jorge Leal–Labrín (del Grupo Astral ) y del argentino Miguel Lohlé, quien a su vez fundara la misma célula creativa en Bruselas, Bélgica, paralelamente de su participación con Phases . Mientras tanto, en el Archipiélago de Guadalupe, la poesía de Henri Corbin salta a Martinica y a República Dominicana del mismo modo en que el escultor de origen boliviano, Marcelo Videa, lo hace con su obra en Gotemburgo, Suecia. Al norte de Sudamérica, el venezolano Juan Calzadilla, editor de la revista La Gaveta Ilustrada (1978) y fundador en 1961 del grupo surrealista El Techo de la Ballena (responsable de la “Exposición de la Cursilería” –que reuniera trabajos de los escritores y políticos en turno, como los del presidente Rómulo Betancourt), tira los dados junto a Franklin Fernández y Anthony Alvarado para encontrar otros. Próximo a Venezuela, el colombiano Raúl Henao, entreteje en ecos colaboraciones y encuentros con las revistas Brumes Blondes , Salamandra , La Tortue–Liévre y Droomschaar . Al suroeste, el peruano Walter Espinoza, coordina la revista y editorial Ensueño Indescifrable desde 1996. Pegado al Pacífico, en Santiago de Chile, el colectivo Ahorcarte , del cual forma parte Iñaki Muñoz, experimenta con el lenguaje audiovisual al tiempo que el grupo surrealista Derrame , integrado principalmente por Rodrigo Verdugo, Roberto Yáñez, Rodrigo Hernández y Aldo Alcota publica y se desenvuelve en torno a su revista Derrame desde 1996. Beatriz Hausner, ahora en Canadá, continúa su labor poética y de traducción iniciadas en Oasis Publications . Y en la otra orilla de la ciudad, las obras de Carlos Sedille, Miguel Huerta, José Duarte y Enrique de Santiago trazan su propio camino. Al este, en Brasil, el Grupo Surrealista DeCollage compuesto por Konrad Zeller, Alex Januário, Renato Souza, Deusdedit de Morais, Rodrigo Mota, Gustavo Arruda (editor de A Oxun de Shanghai ) y Marcus Salgado (creador del sello LSDiscos ) publican desde 2006, el boletín mensual , A Via Queimante , en paralelo a su trabajo colectivo alrededor del próximo número de A Phala , de Sérgio Lima. En otra frecuencia, Floriano Martins y Claudio Willer, antiguos miembros del grupo surrealista brasileño, juntan esfuerzos desde 1999 para editar la revista hispanoamericana Agulha . Otro antiguo participante del grupo de Sao Paulo, Nelson de Paula, multiplica el prisma de sus imágenes al ritmo en que Marcio Calixto, Anasor ed Searom y Roberto Piva exploran la ciudad y sus repercusiones sensibles. Asimismo, Sara Ávila, entusiasta de Phases , redescubre el signo automático desde Belo Horizonte. Y finalmente, al sur, en la Argentina, se acoge también un importante despliegue de actividades colectivas y en solitario: del lado europeo , Virginia Tentindó, se encarga en París del diseño de la revista Superieur Inconnu, que dirige Sarane Alexandrian. Del lado Andino, Jorge Kleiman, luego de colaborar con el Grupo Surrealista de Madrid y con la La Tortue-Liévre regresa a la Argentina tras una larga residencia extranjera. María Meleck Vivanco, quien participó en las actividades del grupo surrealista fundado por Aldo Pellegrini, mantiene viva su llama poética tal cual lo hacen Víctor Chab y Gladys Gómez cómplices entusiastas de la creación del grupo BOA . Por su parte, Carmen Bruna, que se uniera en los 80's al grupo surrealista argentino Signo Ascendente , continua, como Alejandro Puga, fiel al dictado del deseo en una obra que se aloja en la punta del pararrayos donde acaso, se cruzan los monstruos exquisitos de Marcelo Bordese. Esta múltiple conjunción de movimientos y de personas confieren a Sonámbula una peculiar proyección, expansiva y policromática, que en su actual condición no se ha pensado grupo, sindicato ni revista. Es quizás, una constelación que ha sido alentada por la complicidad creativa y su sorpresa, por el intercambio y su promesa, por la duda y su camino, por la analogía y su movimiento, por la antítesis del mundo actual, por la diversidad y su aventura, por el dolor y su herida, por el azar y su revelación, por el deseo de lo maravilloso – de otra vida .
Gabriela Trujillo, Enrique Lechuga editor Sonámbula
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